Hace tiempo me cuestiono la necesidad que tiene la sociedad argentina de exaltar la figura de una persona, sin hacer ningún juicio previo y olvidando algo fundamental que, como cualquier ser humano tiene, las luces y las sombras. ¿Por qué los argentinos buscamos constantemente idolatrar a alguien? Es un fenómeno universal que atraviesa la política, la religión, la música, el deporte y hasta la farándula. No estoy diciendo que esté mal admirar porque, por supuesto, es algo natural sentir admiración y respeto por alguien con quien nos identificamos y por el cual nos sentimos estimulados de alcanzar cualquiera de las cualidades que admiramos de él. Me refiero a que, con los años, terminamos idealizando todo, todo el tiempo. Depositamos nuestros valores en un rincón y adquirimos los de quienes creemos nos van a “guiar”. Y cuando eso sucede, no solo llegamos al colmo de la insensatez, sino que circulamos por un sendero de dirección única, sin moderación ni cuestionamiento alguno de sus inte...
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